A mis queridos amigos y amigas:
He querido abrir este espacio para corresponder a la fidelidad que durante tantos años  que me habéis brindado a través de las lecturas de mis relatos. Desde esta ventana recién inaugurada aquí podéis disfrutar de noticias, relatos, poemas  y audios que sirvan para acercarnos más y seguir compartiendo aquello que más amamos, las letras.

Gracias y hasta siempre.

Jone Miren Asteinza



Gernikajpg


Homenaje a Gernika, 

26 de Abril de 2018

Lunes

 

Siempre que vuelve a su pueblo natal la embarga la tristeza y el miedo, lo que le produce un desasosiego como el que sintió aquella tarde, cuando los aviones parieron y esparcieron su horror sobre las calles soleadas.

 

Hoy el cielo está azul y luce plácido, como aquel lunes. Camina con pasos aprendidos desde la niñez. Sin embargo, un fugaz sentimiento de pérdida la roza en ese momento y se encuentra de repente en un barrio desconocido, en un ir y venir de gente asustada corriendo sin rumbo alguno, gente que más que pisar el suelo lo sobrevuela.

Una señora pasa a su lado y le sonríe como si la conociera. Aquella sonrisa le recuerda a la que le dedicó su madre aquella mañana cuando salió de casa, una casa antigua, de paredes recién enyesadas, situada al final de una calle poco transitada.

 

Al cruzar bajo los arcos de la plaza grande llega hasta ella un olor ya olvidado. Curiosa, mira a un lado y a otro. Debajo de uno de los arcos, una aldeana asa unas castañas en una parrilla hecha con cuatro hierros en los que se sustenta una paila agujereada sin orden ni concierto. Se acerca y observa a la mujer. Es muy vieja, tiene la cara agrietada como la tierra cuando se reseca. Un pañuelo negro cubre sus cabellos canos. La anciana levanta la vista y la mira fijamente. Hay palabras que dicen poco y silencios que dicen mucho. Sus ojos le dan miedo, son como grutas.

 

Atemorizada, desvía la mirada y sigue su camino aprendido. Se cruza con mujeres que entran y salen de las tiendas. Hoy como entonces,  es lunes, día de mercado. Nada más entrar se queda extasiada ante el festival de olores, colores y sonidos que allí se reúnen. Algunas mujeres acarrean bolsas de tela hechas con trozos de ropa en desuso para guardar la compra. Otras, más pudientes, llevan los labios pintados y arrastran abultados carritos con ruedas. Hay mujeres que, disimuladamente, guardan en sus bolsillos cosas pequeñas que sisan aquí y allá; una manzana, unas patatas, algunas nueces. Ve a una niña de unos doce años, con largas trenzas, que dobla un puerro y se lo mete debajo de la camiseta sin dejar de sonreír.

 

Se dirige a la zona de la plaza donde venden flores y plantas. Compra un bonito ramo de claveles blancos y sale del mercado en dirección al cementerio. Le gusta visitar el cementerio y pisar el musgo añejo de sus calles y sus piedras. Acostumbra a visitar el mausoleo donde se honra a los hombres y mujeres fallecidos en la guerra. Deposita el ramo de flores y se recoge en una oración por sus abuelos maternos.

Por uno de los pasillos laterales pasan unos niños jugando a buenos y malos. Sus chillidos rompen el silencio ronco de los habitantes del cementerio. No saben que las personas allí silentes oyen cosas cercanas y lejanas. Oyen lo que nadie más puede oír y ven lo que no es visible para los de afuera.

 

Se fija en los niños. No parecen de esta época. Visten con ropas que no son suyas. Llevan ceñido el cinturón de su padre, los pantalones que seguramente han heredado de su hermano mayor y calzan botas rescatadas del cotolengo. Uno de los niños tropieza y al caerse su cabeza choca contra el suelo. Se levanta como si nada hubiera pasado. Tiene un corte en la frente del que brota un hilillo de sangre que tiñe de rojo por donde resbala.

 

Su primer instinto es acercarse para revisarle la herida, pero justo en ese momento el chico se envalentona y con actitud desafiante, se limpia la sangre de un manotazo esparciendo la mancha roja hacia la mejilla, lo que le da un aspecto de indio guerrero que le recuerda a las películas de vaqueros que dan en la tele los domingos por la tarde.

 

Se da media vuelta y se vuelve a arrodillar frente al mausoleo. Acomoda bien el ramo de claveles y se refugia en el infierno de las ausencias mientras en su corazón sigue palpitando un adiós emocionado.


De mi libro "Voces de madrugada" el relato titulado "Ecografía interior"



Una llamada desesperada, un susurro anheloso, una despedida pronunciada en el último momento de la vida


Haikus


haiku1jpg              haiku2jpg


haiku3jpg


haiku5jpg                   haiku4jpg

haiku6jpg




He participado en varios concursos de microrrelatos. 

Con "La fórmula mágica" en el concurso patrocinado por la Biblioteca Municipal de Cartagena. 

Quedé en el 8º lugar.


La formula mgicajpg

Rankingjpg

En el concurso Matas i Ramis con el microrrelato "Los pétalos del olvido"

Pétalos  del olvido. 

Jone Miren Asteinza Royo

Le costó tomar la decisión. Sin embargo, fue despidiéndose de todos sus recuerdos mientras comía  pétalo por pétalo. Según la anciana florista, el fruto del loto tenía la propiedad de preñar el aire de amnesia, permitiendo a quien se nutriera de esas flores renunciar a antiguas y dolorosas huellas. Cuando despertó a la mañana siguiente la evocación del engaño había desaparecido. Pero la terca Mnemosine empezó de nuevo a crear recuerdos con suspiros de nostalgia.


En el concurso patrocinado por El Museu Maritim de Barcelona, MMB, 

con el micro titulado "El horóscopo"


El horóscopo

Jone Miren Asteinza Royo

No tenía ganas de viajar, pero le habían prometido que aquel crucero sería espectacular e inolvidable y terminaron por convencerla. Acababa de pisar la cubierta cuando recordó lo que había leído en el horóscopo de una revista la semana pasada. Decía que ir en barco era como estar en la cárcel y encima podía ahogarse. De repente sintió miedo y le entraron unas ganas irresistibles de bajar a tierra, pero enseguida cambió de opinión. Bajó al camarote. Era algo estrecho y tenía un ojo de buey, casi como una ventana del futuro que le dejaba ver muy claro la inmensa masa de agua que la estaba esperando. Y se veía no muerta todavía, pero sí yaciendo sobre la mar, abrazada al mapa triste y desgarrado de aquel sueño roto en aquel mismo barco, en aquel mismo puerto, hace ya muchos años, cuando hicieron votos por un amor eterno.


En los concursos de Esta noche te cuento (ENTC) con los siguientes microrrelatos:

Plegarias de nacarjpg

La casita de la princesajpg

El salmojpg

La culpajpg

Huerfano de sueosjpg


Un relato que escribí para anunciar la presentación de mi primer libro
"La escritora y el enterrador y otros relatos"


Con aires taurinos

Cansada de ver los toros desde la barrera, me armé de valor un día y decidí, papel y pluma en mano, salir del burladero y lanzarme al ruedo. Para el traje de luces uní palabras con hilos de seda y esparto. Trencé sueños, hilé ilusiones, zurcí rotos espejismos y creé tejidos nuevos con esperanzas perdidas. Reforcé costuras con pespuntes de plata. Adorné  jaretas con  alamares y lentejuelas bordando verbos de color grana. Enramé  historias de ayer con suspiros de hoy enhebrando con fino torzal de purísima y oro los anhelos. Me sujeté la coleta con dos horquillas de bravura que llevaban en su punta incertidumbres y dudas. Amigos hasta entonces desconocidos me echaron el capote que me ayudará en la lidia. Me animan al grito de: No te preocupes por nada y ¡al toro que es una mona!  Ya está todo preparado, estoy en capilla, ya llega el día de mi alternativa, solo falta ponerme el mundo por montera, atarme bien los machos, coger al toro por los cuernos y armar el taco ese día. 


Sin ttulo-1jpg